Sumérgete en la laguna y conoce a los vecinos que viven bajo la superficie.
Nada en bancos plateados por toda la laguna y es parte de nuestra historia: sin mújol no habría caldero. Si el agua está sana, el banco brilla.
Tímido, diminuto y agarrado a las praderas con la cola. Es el símbolo de la laguna y el primero en notar cuando el agua pierde transparencia.
Primo hermano del caballito, fino como una brizna de posidonia. Casi nadie lo ve; nosotros lo ponemos en camisetas para que todo el mundo sepa que existe.
La laguna es uno de los últimos refugios del molusco más grande del Mediterráneo. Ahí abajo la tienes, clavada en la arena como lleva haciéndolo siglos. Llevarla en el pecho es recordar que este fondo merece futuro.
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